Guiados por el profesor Yuri González, alumnos de tercero y cuarto medio construyeron dispositivos que alcanzaron cerca de 50 metros de altura. La experiencia despertó la curiosidad de los más pequeños, quienes acompañaron los despegues con entusiastas cuentas regresivas.
El patio de nuestro Colegio Mayor Tobalaba se convirtió en una plataforma de lanzamiento para aprender haciendo. Durante una jornada de 30 minutos, estudiantes de tercero y cuarto medio del electivo de Física hicieron despegar 12 cohetes impulsados por agua y aire a presión, poniendo a prueba los conocimientos trabajados en clases. La actividad permitió observar cómo los conceptos de movimiento y fuerza cobran vida fuera del cuaderno, en una experiencia que también reunió a casi un centenar de espectadores de otros cursos.
Detrás de cada despegue hubo dos semanas y media de construcción, ensayos y ajustes, bajo la guía de Yuri González, profesor con 24 años de trayectoria, 11 de ellos en nuestro establecimiento. “A través de esta actividad lo que buscábamos era que se comprendiera la mecánica, que es la rama de la física que explica el movimiento de los cuerpos”, explica. Para conseguirlo, nuestros alumnos elaboraron sus cohetes con botellas de plástico, incorporaron puntas y aletas para mejorar el vuelo y prepararon plataformas con tubos de PVC, corrigiendo errores hasta lograr lanzamientos más altos y estables.
¿El secreto para hacerlos volar? El aire comprimido expulsaba el agua por la abertura inferior de las botellas y generaba un empuje ascendente, permitiendo observar la tercera ley de Newton, conocida como ley de acción y reacción. El profesor lo compara con soltar un globo sin amarrar: “Ese aire escapa con rapidez y genera que el globo salga disparado”. La preparación también contempló medidas de seguridad, como mantener la dirección vertical de los lanzamientos y utilizar tuberías adecuadas, trabajando por debajo de sus límites de resistencia.
El entusiasmo se extendió mucho más allá del electivo. Durante los ensayos, estudiantes de otros niveles se acercaban a las ventanas y pedían permiso para observar, lo que motivó al docente a invitar a niños y niñas de prebásica, primero y segundo básico. “Tenía harta convocatoria, harto interés de parte de los distintos estudiantes”, recuerda. Así, los más pequeños se sumaron a las cuentas regresivas y celebraron los vuelos, que llegaron a alcanzar cerca de 50 metros de altura.
La experiencia tendrá continuidad: las plataformas volverán a utilizarse para estudiar los lanzamientos parabólicos y calcular cómo influye el ángulo de salida en la distancia recorrida. Para el docente, estos trabajos permiten resolver problemas y demostrar habilidades que no siempre quedan reflejadas en una prueba escrita. “Siempre se nos insta a diversificar los instrumentos de evaluación, a que no siempre hagamos pruebas, sino que también hagamos trabajos que resulten significativos para los estudiantes. Eso tratamos de hacer aquí”, concluye.
