En el marco de la Semana de la Convivencia, la rectora Alejandra Rosales lideró la última semana reuniones con representantes estudiantiles de enseñanza media para escuchar sus experiencias, inquietudes y propuestas.
En el marco de la Semana de la Convivencia, Colegio Mayor Tobalaba realizó este martes su última jornada de diálogo con estudiantes de enseñanza media, instancia que la rectora Alejandra Rosales define como un hito en la vida institucional del establecimiento. “Estamos marcando un hito en cuanto a la escucha de nuestros estudiantes”, señaló.
El encuentro reunió a dos representantes por curso —el presidente o presidenta y el delegado de convivencia— junto a la rectora y el director de ciclo. Lejos de ser una reunión protocolar, el espacio se planteó como un diálogo abierto y profundamente humano, donde los estudiantes dejaron de ser evaluados para convertirse en protagonistas de una conversación sobre su sentir respecto al colegio. “No fuimos con un guion cerrado, fuimos con la disposición a escuchar lo que ellos necesiten decir”, explicó.

Los temas abordados cubrieron dos dimensiones que, según la rectora, son inseparables: lo académico y la convivencia. En lo primero, los estudiantes compartieron cómo viven las clases y qué metodologías les ayudan a aprender mejor. En lo segundo, expresaron sus percepciones sobre los conflictos cotidianos, la relación con los profesores, el sentido de pertenencia y el uso de redes sociales.
Para nuestra rectora, este tipo de instancias no son un gesto simbólico ni una actividad más del calendario escolar. “El diálogo es la columna vertebral de cualquier mejora real en convivencia”, afirmó. Y fundamentó esa convicción con claridad: “La convivencia no se decreta desde un escritorio. No se mejora solo con reglamentos o con sanciones. Se construye en el día a día, en los pequeños gestos, en las palabras que se dicen y las que se callan”.
Ella también identificó los principales desafíos que hoy enfrenta el establecimiento en esta materia. El más preocupante, a su juicio, es la violencia escolar en sus distintas expresiones, desde el insulto hasta la exclusión. A esto se suma la naturalización de ciertos tratos entre compañeros que, con el tiempo, escalan desde lo inadecuado hasta lo ofensivo. Y hay un tercer desafío que la rectora no elude: “Nosotros debemos ser ejemplo en todo aquello que pedimos a nuestros estudiantes”.

Estos espacios de escucha, precisó, no terminan en el diálogo mismo. Funcionan en tres pasos: recogida genuina desde la escucha activa, análisis por parte del equipo directivo y, finalmente, aplicación de acciones concretas. “No son un mero ejercicio de escucha pasiva. Son un mecanismo concreto de mejora”, sostuvo.
De cara al resto del año, el trabajo en convivencia continuará con múltiples iniciativas: jornadas con familias, capacitaciones docentes, reuniones con directivas por niveles y el fortalecimiento de espacios permanentes como la Ruta de Aprendizaje, el proyecto de Recreo sin Pantallas y el Comité de la Buena Convivencia. “Lo que hacemos en esta semana es un punto de partida, no una meta”, sentenció.
